miércoles, 7 de julio de 2010

BR: 6

Bad Romance.
Capítulo 6.

Cecilia Standley estaba en la estación de Nueva York. Estaba pisando de nuevo ese suelo, que por un momento en su vida, pensaba que no volvería a pisar. Habían pasado tres años desde que se había ido, pero la tristeza seguía presente en su pecho. No supo como fue lo suficientemente valiente como para dejar Londres y volver a Nueva York. Pero supo la respuesta encuanto se subió al carruaje que la estaba esperando.


-A la mansión de los Evans por favor -le dijo amablemente al cochero.

Cecilia era una chica joven, había venido de Londres tras haber estado estudiando la carrera de medicina, ahora volvía a Nueva York y se consideraba una mujer completamente diferente a la que se marchó de Nueva York hace tres años. Ahora había conseguido un trabajo en el gran hospital de Nueva York, y había alquilado un piso en el centro de la ciudad en donde poder vivir sola, así no tendría que depender de sus padres.

El Sr. y Sra. Standley eran el ama de llaves y el mayordomo de la mansión de Los Evans, habían trabajado allí casi la mitad de su vida, Cecilia había crecido con los hijos de Los Evans, incluso había ido al mismo instituto que ellos gracias a la Sra. Evans que le tenía mucho cariño a Cecilia. Pero después Cecilia decidió marcharse a Londres, sus padres le prestaron algo de dinero y después ella se pagó sus estudios en la universidad de Londres mientras trabajaba en una tienda de ropa.

Cecilia era una muchacha bastante sencilla, tenía el pelo largo que le llegaba por los hombros color castaño oscuro, tenía los ojos marrones como el chocolate, una cara redonda y bien formada, era alta y delgada. Llevaba un vestido de seda y una chaqueta de hilo fina ya que había notado el calor que se estaba acercando.

Cuando llegó a la mansión, dió toda la vuelta para entrar por la puerta de la cocina donde sabía que estarían sus padres. Entró sigilosamente y sin hacer ruido, no se había equivocado, Tom y Sarah Standley estaban sentados en la mesa de la cocina, hablando entre ellos. Cuando Cecilia entró ambos se quedaron con la boca abierta, después le sonrieron y se acercaron a ella para darle un abrazo.

-¡Hija! -dijo Sarah Stadley corriendo para abrazarla- no te esperábamos tan temprano -dijo sonriendo y mirándola de arriba abajo.

-¿Y tus maletas? -preguntó su padre buscándolas a su alrededor.

-Papá no puedes desconectar de tu trabajo aunque sea un minuto -dijo Cecilia mirándolo con una sonrisa. Este sonrió. -No voy a vivir aquí, creo que ya he abusado demasiado de la buena fe de los Evans, he alquilado un piso en el centro, además me queda cerca del trabajo.

-¿A qué viene tanto alboroto? - dijo Cedric Evans entrando en la cocina. Cuando miró a Cecilia se le abrieron los ojos como platos. -¡Ceci! -dijo sonriendo y abalanzándose sobre ella para abrazarla.- Ya verás cuando te vea mi madre, se va a poner muy contenta -dijo sonriendo y tirando de ella para que saliera de la cocina.

Se dirigieron hacia el despacho de la Sra. Evans con paso agitado ya que Cedric tiraba de Cecilia fuertemente. Cedric trataba a Cecilia como si fuera su hermana, ya que habían sido -y eran- muy amigos. Cedric entró en el despacho de su madre sin llamar a la puerta, dentro estaba la Sra. Evans y su hijo mayor Thomas, este miró a Cecilia sorprendido.

-¡Cecilia! -dijo la Sra. Evans sorprendida y levantándose para darle un abrazo.

-Betty -dijo Cecilia correspondiéndole al abrazo.

-Estás guapísima -dijo Betty Evans mirándola de arriba abajo. -¿Que tal en Londres?

-Muy bien, he acabado la carrera -dijo Cecilia sonriendo.

-¿De verdad?, cuanto me alegro -dijo Betty sonriendo. En ese momento Thomas se levantó de su asiento y se fue malhumorado de la sala sin decir nada.

-¿Qué mosca le ha picado? -dijo Betty mirando a su hijo sin entender.

Cedric y Cecilia se mirandon. Cecilia agachó la cabeza con tristeza, ahora había empezado a cuestionarse si había sido bueno haber vuelto.

-Betty -dijo Cecilia- ¿te importa que vaya a la biblioteca a por unos libros?


-Oh, claro que no -dijo Betty- vete.

Cecilia le sonrió y se fue hacia la biblioteca que estaba enfrente del despacho de Betty Evans. Entró en la biblioteca y se perdió entre las estanterías de libros, empezó a coger algunos libros de medicina y también algunas novelas que le habían llamado la atención. Cuando se volvió vió a Thomas Evans con las manos en los bolsillos mirándola anténtamente.

-Has vuelto -dijo mirándola con seriedad. Cecilia agachó la cabeza al suelo, pero decidió que no debía de tener vergüenza no era ella la que tenía que agachar la cabeza, así que le miró fijamente.

-Sí -dijo en un susurro. Thomas tragó saliva y se acercó un poco a ella.- ¿Cuánto tiempo vas a quedarte? -le preguntó.

-Mucho tiempo supongo, no creo que vuelva a Londres, he conseguido trabajo aquí y... he alquilado un piso en el centro -dijo Cecilia mirándolo y dejando los libros que había cojido sobre una mesa que había allí.

Thomas frunció el ceño y la miró sin entender.

-¿No vas a quedarte aquí? -dijo con el ceño fruncido.

-No. Ya he abusado mucho de la hospitalidad de tu familia, vendré a visitar a mis padres cuando pueda, pero quiero ser independiente -dijo Cecilia.

Thomas la miró fijamente a los ojos, y la observó detenidamente, hacía tres años que no la veía, y se dió cuenta de lo mucho que había cambiado en personalidad, ya no era la misma, ahora era más madura. Pero, encuanto a belleza seguía siendo igual de guapa, quizás más todavía. Thomas se acercó más a Cecilia hasta el punto de que ella no podía retroceder más quedando apoyada sobre una de las muchas estanterías de libros que había allí.

-Ceci.. yo.. -dijo en un susurro- sé que te he echo daño, pero.. en este tiempo que estado sin verte, fue cuando me he dado cuenta de que.. he sido un estúpido contigo.. llegué a pensar que nunca volverías.. pero.. ahora, ahora estás aquí -dijo mirándola con un brillo peculiar en los ojos mientras sonreía.

Cecilia se mordió el labio, su corazón había empezado a latir con fuerza. Casi había olvidado lo guapo y encantador que era Thomas. Thomas se acercó más a ella para poder besarle pero, Cecilia puso una de sus manos sobre su boca. Nadie más que ella deseaba aquel beso, pero debía de parar aquella situación.

-Thomas... -dijo mirándole a los ojos, no sabía que decirle, ella lo había pasado muy mal por su culpa, no podía negar que le seguía queriendo y que se moría de ganas por estar con él, pero lo suyo no tenía sentido- las cosas no son así, sábes que te quiero, pero eso no implica a que sea idiota, lo nuestro se terminó hace mucho tiempo, si esque empezó alguna vez, he sido una idiota al creer que por el simple echo de marcharme me olvidaría de ti -dijo tragando saliva ya que sus ojos se estaban empezando a anegar de lágrimas. Thomas le acarició las mejillas con una de sus manos. Cecilia sentía el aliento de Thomas rozar sobre su cara.

-Ceci, te quiero -dijo mirándola fijamente a los ojos. Cecilia le miró a los ojos, y por un momento pensó que tal vez era verdad lo que Thomas le decía, así que se dejó besar, ya que, al fin y al cabo no habría podido resistirse por mucho tiempo. El beso fué largo, húmedo y para sorpresa de Cecilia cargado de amor. Cuando terminaron de besarse se dieron cuenta de que alguien les había estado observando.

No hay comentarios:

Publicar un comentario