Bad Romance.
Capítulo 8.
Podré ir este miércoles al estreno de "Romeo y Julieta" en la ópera. Te espero donde siempre en el entreacto.
A.T
La representación de la obra había empezado y Bridget Williams ya estaba deseando que llegara el primer descanso. Pero para eso todavía quedaba media hora, mientras tanto se entretenía mirando con los prismáticos los palcos que estaban a su alrdedor para ver si veía a Andrew, y no tardó mucho en encontrarle ya que estaba unos cuandos palcos más allá de el de ella, iba acompañado de su padre, y miraba con bastante atención la representación.
Cindy Doyle apareció al lado de Bridget y se sentó a su lado.
-¿A que no sábes a quien acabo de ver? -le dijo Cindy en un susurro a su amiga.
-Sorpréndeme -le contestó Bridget sonriendo.
-A Cedric Evans -dijo Cindy con una sonrisa- lo malo esque no me vió, pero lo buscaré en el entreacto -dijo con una sonrisa.
Así pasaron aquella media hora chismorreando más que viendo la representación, Cindy le había contado a su amiga lo que había pasado con Cedric en la fiesta de Los Evans, para Cindy esto era casi una confirmación de que Cedric le pediría matrimonio. Pero, lo que esta no sabía esque ahora mismo, era otra mujer la que rondaba por la cabeza de Cedric Evans.
El tan deseado entreacto llegó, y Bridget no pudo esperar más, así que se disculpó delante de su madre y su hermana diciéndoles que se retiraba a ir al tocador. Lo cual no mintió del todo ya que efectivamente fue al tocador para arreglarse su vestido ya que estaba un poco arrugado de haber estado sentada tanto tiempo. Bridget llevaba un vestido color pastel con los hombros descubiertos, que hacía que se viera su largo y atractivo cuello.
Bridget fue caminando tranquilamente por los pasillos del enorme teatro para que no se le viera nerviosa, aunque en realidad su corazón iba a mil por hora. Entonces, sigilosamente y sin que nadie le viera, entró en la puerta de personal, y una oleada de felicidad inundó el cuerpo de Bridget al ver a Andrew apoyado en la pared, esperándola, esperándola a ella.
Andrew llevaba puesto como era de costumbre, un smoking negro que hacía que su figura fuera más alta y delgada, lo cual a Bridget le encantaba. Andrew la miró y una sonrisa se estendió por su rostro al verla.
Andrew se acercó a ella y la abrazó con fuerza, hundiendo la cabeza en su cuello.
-Has venido pronto -dijo con una sonrisa contra su cuello. Bridget sonrió.
-He estado durante toda la representación deseando que llegara este momento -dijo sonriendo. Andrew la miró a los ojos, Bridget pudo percibir un brillo especial en los ojos de Andrew. Este la besó con entusiasmo, durante un rato largo. Cuando el beso terminó los ojos de Bridget brillaban. Bridget sonrió y se dispuso a decir la frase que llevaba toda la semana ensayando:
-Me preguntaba, Sr. Turner cuando podría tener el placer de volver a disfrutrar otra noche con usted en la casa del jardinero -dijo con una sonrisa. Andrew se la devolvió y la atrajo más hacia sí agarrándola por la cintura.
-Cuando usted guste Srta. Williams -dijo Andrew. Ambos se sonrieron y se volvieron a besar. Ambos sabían que pronto iban a dejar de esconderse, ambos pensaban lo mismo, les daba igual lo que la alta sociedad dijera o la gente pensara, ellos se querían, y eso les llegaba.
jueves, 8 de julio de 2010
BR: 7
Bad Romance.
Capítulo 7.
Daisy Evans estaba en su cuarto estudiando biología, cosa que aborrecía, pero le alegraba saber que pronto podía dejar los estudios y poder ir a cócteles y fiestas como la que había celebrado su familia hace unos días. Daisy tenía quince años, hasta que cumpliera los dieciséis no sería presentada en sociedad oficialmente, lo cual esta anhelaba con todas sus fuerzas.
Era, por supuesto, la menor de las hermanas Evans también la única. Daisy se parecía a su hermano Cedric físicamente, tenía el pelo castaño claro y unos ojos marrones que iluminaban su cara redonda.
Se levantó de su escritorio para ir hacia la biblioteca y coger uno de los tantos libros de anatomía que había en la biblioteca de la casa. Entró en esta con paso suave y lento, cuando descubrió que no estaba sola, cuando escuchó unos leves susurros de dos personas hablando, estes provenían de las estanterías, se acercó lentamente al lugar de donde procedían los susurros y finalmente vió a dos personas besándose de una manera abrumadora. Al principio no distinguió quienes eran las personas que se besaban pero después lo supo perfectamente. Era su hermano Thomas, y la hija del mayordomo, que se había marchado hace tiempo, Daisy frunció el ceño.
-¿Thomas? -dijo Daisy mirándo a ambos sin comprender. Ambos se separaron rápidamente. Cecilia se fue de la biblioteca totalmente ruborizada, Thomas miró a su hermana.- ¿Qué hacías con esa? -le preguntó Daisy a su hermano.
-Daisy... -dijo Thomas mirándola- no debes de decir nada de lo que has visto aquí.
Daisy miró a su hermano y sonrió.
-Hermanito, me parece muy bien que tengas aventuras, es comprensible, ¿pero con la hija de la chacha?, es tan poco morboso -dijo Daisy mirando los libros de las estanterías.
-Escucha -dijo Thomas tomando a su hermana del brazo- como le digas a alguien lo que has visto aquí hoy, no serás presentada en sociedad hasta los treinta años, de eso me encargo yo.
Daisy abrió los ojos como platos. Sabía que su hermano sería capaz de eso y mucho más, se moría de ganas por contar lo que acababa de ver, pero podía esperar un par de meses más hasta que cumpliera los dieciséis.
-De verdad Thomas, pensaba que eras más inteligente, esa sólo te quiere para el dinero -dijo Daisy mirándole con desprecio.
Thomas la miró y apretó la mandíbula.
-¡Y tú que sabrás! -le dijo malhumorado- eres una niña de quince años.
Después de esto Thomas se marchó de la biblioteca sin decir nada.
Daisy no soportaba que le dijeran que era una niña pequeña, tenía una cosa clara si volvía a ver algún indicio de que su hermano seguía viendose con Cecilia, se lo contaría a su padre. Daisy era una muchacha malcriada, era el ojito derecho de su padre, le contaba todo y su padre la tenía como a su hija preferida, también era la única. Pero sabía que no podría ocultarle algo así a su padre. Entonces si volvía a ver a su hermano con la muchacha esa, se lo contaría sin duda. No iba a dejar que una de clase inferior manchara su familia y perjudicar la buena reputación que tenía esta. Finalmente cogió el libro que necesitaba y se fué a su cuarto a hacer los ejercicios que le faltaban.
-¿Se ha marchado Cecilia? -preguntó Thomas entrando en la habitación de su hermano.
-Sí -dijo Cedric mirándo por la ventana- ¿qué ha pasado? -dijo volviéndose hacia su hermano.
-Pues le he dicho todo lo que sentía, ella al principio no me creía, pero al final nos acabamos besando. Lo malo esque después apareció Daisy -dijo apretando la mandíbula, su hermano le miró sorprendido.
-¿Daisy? -dijo Cedric mirándole con mala cara- ¿crees que se lo contará a papá? -preguntó.
-No creo... -dijo Thomas- por la cuenta que le trae. Pero eso es lo de menos, lo malo esque ahora Cecilia se ha ido, y supongo que no vendrá hasta dentro de unos días por vergüenza, y no sé donde vive -dijo dado un golpe en la mesa.
Cedric sonrió y le dió unos golpecitos a su hermano en la espalda.
-¿Qué harías tú sin mí? -le dijo mientras le sonreía y le tendía una nota. Thomas le miró sorprendido, cogió la nota y la desdobló.
Calle Dieciséis Este, nº 5.
Reconoció la caligrafía de la nota, era la de Cecilia. Thomas sintió como la felicidad invadía su cuerpo, tanta, que le dió un beso a su hermano en la mejilla.
-Oh, dios Cedric, te quiero -dijo bromeando. Este se río.
-Bueno, bueno, menos mariconeo... -los dos sonrieron.
-Iré a verla mañana por la noche -dijo Thomas con una sonrisa. Cedric negó con la cabeza.
-Mañana es lo de la ópera -le dijo Cedric- y sábes como es papá...
-Sí, pero buscaré un pretexto algo se me va a ocurrir... -dijo con una sonrisa mientras miraba la nota.
Capítulo 7.
Daisy Evans estaba en su cuarto estudiando biología, cosa que aborrecía, pero le alegraba saber que pronto podía dejar los estudios y poder ir a cócteles y fiestas como la que había celebrado su familia hace unos días. Daisy tenía quince años, hasta que cumpliera los dieciséis no sería presentada en sociedad oficialmente, lo cual esta anhelaba con todas sus fuerzas.
Era, por supuesto, la menor de las hermanas Evans también la única. Daisy se parecía a su hermano Cedric físicamente, tenía el pelo castaño claro y unos ojos marrones que iluminaban su cara redonda.
Se levantó de su escritorio para ir hacia la biblioteca y coger uno de los tantos libros de anatomía que había en la biblioteca de la casa. Entró en esta con paso suave y lento, cuando descubrió que no estaba sola, cuando escuchó unos leves susurros de dos personas hablando, estes provenían de las estanterías, se acercó lentamente al lugar de donde procedían los susurros y finalmente vió a dos personas besándose de una manera abrumadora. Al principio no distinguió quienes eran las personas que se besaban pero después lo supo perfectamente. Era su hermano Thomas, y la hija del mayordomo, que se había marchado hace tiempo, Daisy frunció el ceño.
-¿Thomas? -dijo Daisy mirándo a ambos sin comprender. Ambos se separaron rápidamente. Cecilia se fue de la biblioteca totalmente ruborizada, Thomas miró a su hermana.- ¿Qué hacías con esa? -le preguntó Daisy a su hermano.
-Daisy... -dijo Thomas mirándola- no debes de decir nada de lo que has visto aquí.
Daisy miró a su hermano y sonrió.
-Hermanito, me parece muy bien que tengas aventuras, es comprensible, ¿pero con la hija de la chacha?, es tan poco morboso -dijo Daisy mirando los libros de las estanterías.
-Escucha -dijo Thomas tomando a su hermana del brazo- como le digas a alguien lo que has visto aquí hoy, no serás presentada en sociedad hasta los treinta años, de eso me encargo yo.
Daisy abrió los ojos como platos. Sabía que su hermano sería capaz de eso y mucho más, se moría de ganas por contar lo que acababa de ver, pero podía esperar un par de meses más hasta que cumpliera los dieciséis.
-De verdad Thomas, pensaba que eras más inteligente, esa sólo te quiere para el dinero -dijo Daisy mirándole con desprecio.
Thomas la miró y apretó la mandíbula.
-¡Y tú que sabrás! -le dijo malhumorado- eres una niña de quince años.
Después de esto Thomas se marchó de la biblioteca sin decir nada.
Daisy no soportaba que le dijeran que era una niña pequeña, tenía una cosa clara si volvía a ver algún indicio de que su hermano seguía viendose con Cecilia, se lo contaría a su padre. Daisy era una muchacha malcriada, era el ojito derecho de su padre, le contaba todo y su padre la tenía como a su hija preferida, también era la única. Pero sabía que no podría ocultarle algo así a su padre. Entonces si volvía a ver a su hermano con la muchacha esa, se lo contaría sin duda. No iba a dejar que una de clase inferior manchara su familia y perjudicar la buena reputación que tenía esta. Finalmente cogió el libro que necesitaba y se fué a su cuarto a hacer los ejercicios que le faltaban.
-¿Se ha marchado Cecilia? -preguntó Thomas entrando en la habitación de su hermano.
-Sí -dijo Cedric mirándo por la ventana- ¿qué ha pasado? -dijo volviéndose hacia su hermano.
-Pues le he dicho todo lo que sentía, ella al principio no me creía, pero al final nos acabamos besando. Lo malo esque después apareció Daisy -dijo apretando la mandíbula, su hermano le miró sorprendido.
-¿Daisy? -dijo Cedric mirándole con mala cara- ¿crees que se lo contará a papá? -preguntó.
-No creo... -dijo Thomas- por la cuenta que le trae. Pero eso es lo de menos, lo malo esque ahora Cecilia se ha ido, y supongo que no vendrá hasta dentro de unos días por vergüenza, y no sé donde vive -dijo dado un golpe en la mesa.
Cedric sonrió y le dió unos golpecitos a su hermano en la espalda.
-¿Qué harías tú sin mí? -le dijo mientras le sonreía y le tendía una nota. Thomas le miró sorprendido, cogió la nota y la desdobló.
Calle Dieciséis Este, nº 5.
Reconoció la caligrafía de la nota, era la de Cecilia. Thomas sintió como la felicidad invadía su cuerpo, tanta, que le dió un beso a su hermano en la mejilla.
-Oh, dios Cedric, te quiero -dijo bromeando. Este se río.
-Bueno, bueno, menos mariconeo... -los dos sonrieron.
-Iré a verla mañana por la noche -dijo Thomas con una sonrisa. Cedric negó con la cabeza.
-Mañana es lo de la ópera -le dijo Cedric- y sábes como es papá...
-Sí, pero buscaré un pretexto algo se me va a ocurrir... -dijo con una sonrisa mientras miraba la nota.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)