sábado, 10 de julio de 2010

BR: 10

Bad Romance.
Capítulo 10.

Thomas Evans, se sentía feliz, más que feliz al haberse librado de la representación de teatro de Romeo y Julieta, se sentía feliz de que sus padres se hubieran tragado que se sentía indispuesto y que se iba a casa. Pero una parte de la mentira era verdad, ya que iba a ir a casa no sería tan tonto de decirle al cochero que lo llevara a otro lugar sabiendo que el cochero después volvería de nuevo a buscar a su familia. Así que tenía pensado ir a casa y meterse en su cuarto, cambiarse de ropa, para ir al menos más informal y no con aquel smoking que llevaba puesto, salir por la puerta de la cocina e ir caminando hasta la Calle Dieciséis Este, que era donde vivía Cecilia.


Llegó a la mansión antes de lo que pensaba, entró haciéndose un poco el maulítico y después se metió en su cuarto sin hacer ruido, ya que tenía que tener cuidado con su hermana menor, Daisy que estaba en la casa. Al estar dentro de su cuarto se cambió su smoking por un pantalon negro informal y una chaqueta del mismo color, cuando terminó miró su reloj, eran las once de la noche, nisiquiera era medianoche y eso era bueno, ya que cuanto menos tiempo perdía, más podía pasar con Cecilia. Cuando salió de su cuarto se acordó del beso que se había dando con Cecilia en la biblioteca hacía dos días, y también de los libros que ella había cogido y que finalmente había dejado allí, así que se acercó con sigilo hacia la biblioteca y entró, encontró los libros con facilidad, encima de la mesa donde ella los había dejado, así que los cogió, se los llevaría.

Salió por la puerta de la cocina sin problema la casa estaba en silencio absoluto y todo el mundo estaba durmiendo para su suerte. Fue caminando tranquilamente, ya que la casa de Cecilia no se encontraba muy lejos de su casa. Cuando llegó vió que era una casa compartida, ella vivía en el piso de arriba, y abajo vivía otra persona, así que subió las escaleras y petó con los nudillos en la puerta. También pudo escuchar los pasos de Cecilia acercándose a la puerta, cuando Cecilia abrió la puerta y le miró de inmediato un enorme rubor corrió por sus mejillas, Thomas no pudo evitar que la sonrisa se estendiera por su rostro. Cecilia llevaba puesto una bata de seda que le llegaba hasta las rodillas, iba descalza.

-¿Estabas dormida? -le preguntó Thomas desde la puerta. Cecilia le miró todavía con las mejillas ruborizadas.

-No.. estaba.. estaba leyendo -dijo con timidez. Cecilia se apartó de la puerta para que Thomas pudiera pasar. Thomas entró y cerró la puerta sin hacer ruido. Le tendió los libros a Cecilia, esta los recogió- Oh, gracias -dijo mirando los libros y poniéndolos sobre la mesa.

Thomas observó la habitación, tenía un dormitorio, un cuarto de baño y un pequeño salón, la verdad esque no estaba nada mal. Cuando volvió la mirada hacia Cecilia, esta le miraba perplejo y sin comprender. Finalmente habló.

-No te preocupes, -dijo Thomas mirándola- Daisy no va a decir nada, por la cuenta que le trae.

Cecilia suspiró aliviada, Thomas se rió.

-Pensaba que me venías a decir que tenía que marcharme del país o algo así -dijo Cecilia ahora más tranquila. Después miró a Thomas de nuevo. - Pero.. no has venido aquí, sólo para eso ¿me equivoco? -dijo después. Thomas la miró y sonrió, y se acercó a ella un poco.

-No, no te equivocas, también, he venido a hablarte de lo que pasó el otro día, en la biblioteca, antes de que llegara Daisy -dijo acercándose más a Cecilia.

-Si me vienes a decir que lo olvide y todo eso, no te preocupes, no ha pasado nada y ya está -dijo Cecilia mirándole y después sentándose en la cama para retomar el libro que estaba leyendo.

Thomas frunció el ceño, y la miró perplejo. Después suspiró y se acercó a ella sentándose a su lado en la cama. Cecilia cerró el libro y le miró.

-No venía a decirte eso -dijo Thomas mirándola- lo que te dije el otro día en la biblioteca.. no era mentira, y sé que a lo mejor te costará creerlo, pero... te quiero, a pesar de todo lo que te dije en el pasado.

Cecilia le miró a los ojos pensativa, nunca había podido olvidar lo que Thomas le había dicho hacía tres años, el desprecio que había mostrado hacia ella, pero ahora veía en sus ojos que no mentía, veía que decía la verdad.

-Y sé... -dijo Thomas continuando su discurso- sé que a lo mejor no me vas a poder perdonar pero... te quiero de verdad, Ceci -dijo en un susurro.

Cecilia le miró sorprendida y sin pensarlo dos veces, le abrazó con fuerza.

-Mira que eres tonto... -le dijo Cecilia mirándole con una sonrisa- nunca te he guardado rencord por nada, a pesar de todo lo que me dijiste.

Thomas le miró con seriedad y puso su mano sobre una de sus mejillas.

-No sabes como me arrepiento de esas palabras -susurró. Cecilia le miró y le besó, no quería recordar el pasado, un pasado en el que lo había pasado muy mal, ahora sólo lo que le importaba era que Thomas estaba con ella, y que la quería, y ella también lo quería más que nada. Y ambos tenían una noche por delante.