Bad Romance.
Capítulo 12.
Thomas Evans, llevaba encerrado en su casa más de una semana, sin poder salir, tal y como su padre le había dicho, pudo haber salido a escondidas de la casa con la ayuda de su hermano, pero prefirió no hacerlo para evitarse problemas a él mismo y a Cedric. Así que Thomas le escribió una carta a Cecilia -Cedric se la entregó- explicándole lo que había pasado y diciéndole que encuanto pudiera iría a verla. También que se moría de ganas por verla, y por volver a pasar otra noche con ella a su lado, y lo mucho que la quería.
Ahora teía que aguantarse, tenía que esperar a que su padre no le tubiera echado tanto el ojo encima, esperar quizás una semana más y después volver a disfrutar de su libertad y estar con Cecilia, tanto como deseaba cada hora de las que pasaba encerrado en su cuarto. Sabía cual sería el precio que tendría que pagar para estar con Cecilia, pero él no sería tan estúpido de cometer el error de la última vez, ahora se iría con ella, lejos a dónde ela quisiera, había llegado a la conclusión de que si no era feliz con ella no lo sería con nadie más.
Thomas estaba en su cuarto sentado en el sofá al laldo de la chimenea, con la bata y el pijama puesto todavía, tenía un aspecto desaliñado, el pelo más alborotado de lo normal, una barba de dos o tres días más o menos y ahora estaba fumando un cigarrillo concentrándose en el reloj de encima de la chimenea, como siempre.
En ese momento interrumpió su silencio su padre, Richard entró en silencio y sigilosamente sin hacer ruido, Thomas le miró, ¿le vendría a levantar el castigo?.
-Tengo que hablar contigo -dijo Richard Evans mirando con seriedad a su hijo.
Thomas se levantó del sillón y miró a su padre a los ojos.
-Tú dirás -dijo Thomas con indiferencia.
-He hablado con Bruce Williams -dijo mirándo a su hijo, este alzó una ceja sin entender.- Hemos llegado a un acuerdo muy interesante. Los Evans y Los Williams somos unas de las familias más influyentes de New York -dijo mirándo a su hijo. Thomas alzó una ceja, ¿porqué le cintaba esto? pero asintió para que siguiera hablando.- Entonces hemos decidido que sería muy interesante que se casaran dos personas de ambas familias para hacernos más fuertes, más dinero, más fama, ya sábes... Así que Bruce y yo hemos decidido que tú y Bridget, la hija mayor de los Williams os casaréis en breve, ya que Bridget no tiene ningún compromiso, y tú bueno... así nos ahorramos el problema de la muchacha esta.
Thomas se quedó de piedra, se quedó helado, ¿su padre iba a obligar a casarse con Bridget Williams?. Thomas miró a su padre con rabia apretando los puños.
-Ni... lo sueñes -dijo con rabia mirándolo.
-Ya creo que sí hijo, vuestro compromiso ya está anunciado en los periódicos, y vuestro compromiso será echo oficial en la fiesta de disfraces que darán los Williams la próxima semana -dijo su padre con una sonrisa en los labios.- Más te vale no intentar hacer nada Thomas, porque si intentas librarte de esto, acabarás tirado en la calle, ya lo sábes. -Su padre se marchó. Thomas le dió un golpe a la puerta después de que se fuera.
¿Qué haría ahora?, estaba claro que su padre ya se había comprometido con el Sr.Williams, y si le hacían un desplante a los Williams, su familia se iría al traste. ¿Qué haría?, definitivamente fue a pedirle ayuda a la única persona que sabía que tenía esperiencia en estas cosas. Andrew Turner.
lunes, 12 de julio de 2010
BR: 11
Bad Romance.
Capítulo 11.
La noche había desaparecido y el sol había inundado la habitación nº5 de la Calle dieciséis Este. Thomas Evans se había despertado, no debía de haber pasado la noche allí, pero lo hizo y no se arrepentía de ello. Además todavía era muy temprano, su familia no se despertaba tan temprano y si alguien del servicio entraba y no le veía no diría nada. Pero tenía que marcharse, por mucho que deseara quedarse allí, con Cecilia, debía marcharse.
Cecilia estaba dormida, y Thomas no quería despertarla, así que le escribió una nota antes de marcharse y la dejó junto a ella en la almohada.
Por mucho que deseara quedarme tenía que marcharme.
Volveré tan pronto como pueda. Te lo prometo.
Finalmente Thomas se marchó, muy a su pesar, aunque intentaría volver en un par de días, quizás cuando su familia estubiera durmiendo podría hacer como aquella misma noche, se marcharía a escondidas por la cocina, es más quería hacerlo, todo aquello lo recompensaba cuando veía a Cecilia. Como aquella misma noche, aquella noche había sido, quizás una de las mejores de su vida, nunca había recibido tanto amor como el que le habían dado aquella noche y sabía que ese amor sólo se lo podía dar Cecilia.
Cuando llegó a casa entró por la puerta de la cocina, por su suerte no había nadie, no se habían levantado todavía así que subió las escaleras sin hacer ruido hasta llegar a su cuarto. Pero maldijo para sus adentros cuando vió a su padre, Richard Evans, sentado en el sillón que estaba al lado de la chimenea. Thomas miró el pasillo y su mirada fue hacia la habitación de su hermana pequeña Daisy la cúal estaba asomada en la puerta con una sonrisa. Maldita mocosa, pensó Thomas para sus adentros, ¡lo había estropeado todo!, ¿ahora cómo se escusaría delante de su padre?. Entró en la habitación y cerró la puerta, se quitó la chaqueta que llevaba puesta y la dejó encima de la cama. Su padre le seguía mirando desde el asiento, y no le miraba con cara de bueno amigos precisamente, más bien tenía cara de pitbull.
-No volverás a verla -dijo Richard Evans finalmente. Thomas le miró apretando la mandíbula.
-¿Por qué? -dijo este mirando a su padre. -¿Qué tiene de malo?
-Tiene mucho -dijo su padre levantándose- para empezar es la hija de el personal de servicio de esta casa, después, no sería nada favorable para reputación y mancharías el nombre de esta familia y por último eso estropearía mi imagen como alcalde.
Thomas apretó los puños, no podía creer que le estubiera prohibiendo algo.
-Y eso.. ¿quién te lo a dicho?, ¿te lo ha dicho Daisy?, ¡esa niña de quince años!, ¡que sabrá ella!, ¡que sabrás tú papá!, apostaría que mamá no piensa lo mismo -dijo Thomas mirándole.
-Sábes que tu madre no va a opinar sobre esto. -Thomas siguió apretando los puños con rabia. Su padre siguió hablando.- Por el momento no saldrás de casa, y ya se me ocurrirá algo para que no vuelvas a juntarte con esa muchacha -dijo finalmente su padre marchándose y cerrando la puerta de un portazo. Cuando su padre se fue Thomas le dió un puñetazo de rabia a la puerta de su armario, por suerte no se hizo daño. Thomas se quedó allí maldiciendo a su reputación, a las clases sociales, a su familia y sobre todo a su hermana menor Daisy.
Capítulo 11.
La noche había desaparecido y el sol había inundado la habitación nº5 de la Calle dieciséis Este. Thomas Evans se había despertado, no debía de haber pasado la noche allí, pero lo hizo y no se arrepentía de ello. Además todavía era muy temprano, su familia no se despertaba tan temprano y si alguien del servicio entraba y no le veía no diría nada. Pero tenía que marcharse, por mucho que deseara quedarse allí, con Cecilia, debía marcharse.
Cecilia estaba dormida, y Thomas no quería despertarla, así que le escribió una nota antes de marcharse y la dejó junto a ella en la almohada.
Por mucho que deseara quedarme tenía que marcharme.
Volveré tan pronto como pueda. Te lo prometo.
Finalmente Thomas se marchó, muy a su pesar, aunque intentaría volver en un par de días, quizás cuando su familia estubiera durmiendo podría hacer como aquella misma noche, se marcharía a escondidas por la cocina, es más quería hacerlo, todo aquello lo recompensaba cuando veía a Cecilia. Como aquella misma noche, aquella noche había sido, quizás una de las mejores de su vida, nunca había recibido tanto amor como el que le habían dado aquella noche y sabía que ese amor sólo se lo podía dar Cecilia.
Cuando llegó a casa entró por la puerta de la cocina, por su suerte no había nadie, no se habían levantado todavía así que subió las escaleras sin hacer ruido hasta llegar a su cuarto. Pero maldijo para sus adentros cuando vió a su padre, Richard Evans, sentado en el sillón que estaba al lado de la chimenea. Thomas miró el pasillo y su mirada fue hacia la habitación de su hermana pequeña Daisy la cúal estaba asomada en la puerta con una sonrisa. Maldita mocosa, pensó Thomas para sus adentros, ¡lo había estropeado todo!, ¿ahora cómo se escusaría delante de su padre?. Entró en la habitación y cerró la puerta, se quitó la chaqueta que llevaba puesta y la dejó encima de la cama. Su padre le seguía mirando desde el asiento, y no le miraba con cara de bueno amigos precisamente, más bien tenía cara de pitbull.
-No volverás a verla -dijo Richard Evans finalmente. Thomas le miró apretando la mandíbula.
-¿Por qué? -dijo este mirando a su padre. -¿Qué tiene de malo?
-Tiene mucho -dijo su padre levantándose- para empezar es la hija de el personal de servicio de esta casa, después, no sería nada favorable para reputación y mancharías el nombre de esta familia y por último eso estropearía mi imagen como alcalde.
Thomas apretó los puños, no podía creer que le estubiera prohibiendo algo.
-Y eso.. ¿quién te lo a dicho?, ¿te lo ha dicho Daisy?, ¡esa niña de quince años!, ¡que sabrá ella!, ¡que sabrás tú papá!, apostaría que mamá no piensa lo mismo -dijo Thomas mirándole.
-Sábes que tu madre no va a opinar sobre esto. -Thomas siguió apretando los puños con rabia. Su padre siguió hablando.- Por el momento no saldrás de casa, y ya se me ocurrirá algo para que no vuelvas a juntarte con esa muchacha -dijo finalmente su padre marchándose y cerrando la puerta de un portazo. Cuando su padre se fue Thomas le dió un puñetazo de rabia a la puerta de su armario, por suerte no se hizo daño. Thomas se quedó allí maldiciendo a su reputación, a las clases sociales, a su familia y sobre todo a su hermana menor Daisy.
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