Bad Romance.
Capítulo 11.
La noche había desaparecido y el sol había inundado la habitación nº5 de la Calle dieciséis Este. Thomas Evans se había despertado, no debía de haber pasado la noche allí, pero lo hizo y no se arrepentía de ello. Además todavía era muy temprano, su familia no se despertaba tan temprano y si alguien del servicio entraba y no le veía no diría nada. Pero tenía que marcharse, por mucho que deseara quedarse allí, con Cecilia, debía marcharse.
Cecilia estaba dormida, y Thomas no quería despertarla, así que le escribió una nota antes de marcharse y la dejó junto a ella en la almohada.
Por mucho que deseara quedarme tenía que marcharme.
Volveré tan pronto como pueda. Te lo prometo.
Finalmente Thomas se marchó, muy a su pesar, aunque intentaría volver en un par de días, quizás cuando su familia estubiera durmiendo podría hacer como aquella misma noche, se marcharía a escondidas por la cocina, es más quería hacerlo, todo aquello lo recompensaba cuando veía a Cecilia. Como aquella misma noche, aquella noche había sido, quizás una de las mejores de su vida, nunca había recibido tanto amor como el que le habían dado aquella noche y sabía que ese amor sólo se lo podía dar Cecilia.
Cuando llegó a casa entró por la puerta de la cocina, por su suerte no había nadie, no se habían levantado todavía así que subió las escaleras sin hacer ruido hasta llegar a su cuarto. Pero maldijo para sus adentros cuando vió a su padre, Richard Evans, sentado en el sillón que estaba al lado de la chimenea. Thomas miró el pasillo y su mirada fue hacia la habitación de su hermana pequeña Daisy la cúal estaba asomada en la puerta con una sonrisa. Maldita mocosa, pensó Thomas para sus adentros, ¡lo había estropeado todo!, ¿ahora cómo se escusaría delante de su padre?. Entró en la habitación y cerró la puerta, se quitó la chaqueta que llevaba puesta y la dejó encima de la cama. Su padre le seguía mirando desde el asiento, y no le miraba con cara de bueno amigos precisamente, más bien tenía cara de pitbull.
-No volverás a verla -dijo Richard Evans finalmente. Thomas le miró apretando la mandíbula.
-¿Por qué? -dijo este mirando a su padre. -¿Qué tiene de malo?
-Tiene mucho -dijo su padre levantándose- para empezar es la hija de el personal de servicio de esta casa, después, no sería nada favorable para reputación y mancharías el nombre de esta familia y por último eso estropearía mi imagen como alcalde.
Thomas apretó los puños, no podía creer que le estubiera prohibiendo algo.
-Y eso.. ¿quién te lo a dicho?, ¿te lo ha dicho Daisy?, ¡esa niña de quince años!, ¡que sabrá ella!, ¡que sabrás tú papá!, apostaría que mamá no piensa lo mismo -dijo Thomas mirándole.
-Sábes que tu madre no va a opinar sobre esto. -Thomas siguió apretando los puños con rabia. Su padre siguió hablando.- Por el momento no saldrás de casa, y ya se me ocurrirá algo para que no vuelvas a juntarte con esa muchacha -dijo finalmente su padre marchándose y cerrando la puerta de un portazo. Cuando su padre se fue Thomas le dió un puñetazo de rabia a la puerta de su armario, por suerte no se hizo daño. Thomas se quedó allí maldiciendo a su reputación, a las clases sociales, a su familia y sobre todo a su hermana menor Daisy.
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