Bad Romance.
Capítulo 1.
Te espero dentro de media hora en el armario grande de la entrada.
B.W.
Bridget Williams, intentaba pasar desapercibida entre la gente que estaba a su alrededor, había abandonado la silla cómoda en la que estaba sentada para escabullirse. Salió de la sala de baile donde la gente se divertía y reía animádamente y se dirigió al holl de entrada para ir hacia el armario donde estaban todos los abrigos de las personas que estaban en la fiesta de los Evans aquella noche. Aunque ella apenas conocía a la familia Evans sabía que invitaban a ella y a su familia por cortesía, la gente de la alta sociedad hacía eso, invitaba a los de su misma clase a sus fiestas, aunque no hubieran entablado nunca una conversación seria con alguno de ellos.
-Disculpe señorita, ¿buscaba algo? -Bridget se volvió y vió a uno de los mayordomos de la casa.
-No, gracias. Puede retirarse - Bridget sonrió de la manera más encantadora posible. El mayordomo se retiró sin volverse a mirarla, sabía que no diría nada a nadie y que tampoco se preocuparía por ella o lo que fuera que iba a hacer.
Bidget volvió a mirar a su alrededor y se metió dentro del gran armario. Era un sitio muy amplio, había un montón de percheros situados en vertical donde estaban colgados todos los abrigos de las personas que estaban en la fiesta. Se adentró hacia el final del armario, por si acaso entraba alguien, aunque ella lo dudaba ya que estaban en mitad de la fiesta y nadie iba a sacar y meter ningún abrigo.
Cuando hubo llegado al final de la sala llena de abrigos y chaquetas se sacudió su vestido rojo de satén, que se pegaba a su cuerpo resaltando su figura con un escote en forma de de uve. Después miró su reloj de oro, pasaba de medianoche ella se había encargado personalmente de que recibieran su nota hace escasos quince minutos. No creía que hubiera venido por aquí antes que ella. Aún así, no podía tardar mucho en volver, ya que su hermana y su madre la echarían de menos pronto. Pero con suerte podía permitirse estar ausente media hora.
-Brid... -dijo alguien a sus espaldas, al oír esa voz que conocía tan bien a la muchacha se le aceleró el corazón y se volvió con una sonrisa. Al verlo su respiración empezó agitarse, no era la primera vez que lo había visto en toda la noche, pero sí, la primera vez que estaban solos a lo largo de la noche.
-Andrew -dijo ella satisfecha acercándose a él y contemplando su figura, Andrew llevaba puesto un traje negro que le hacía parecer más alto y más delgado. Aún así a ella le seguía pareciendo que estaba guapísimo.
En ese momento sus labios se encontraron, y Bridget sintió como su corazón se aceleraba más. Había estado deseando ese momento toda la noche, estar a solas con Andrew ya que no podían hacerlo en público, los dos se querían, pero no podían presentar su amor en sociedad sería un escándalo y la reputación de los dos se destruiría. Andrew era once años mayor que Bridget, los dos pensaban que era una locura, pero sabían que no podían vivir el uno sin el otro. Una vez ellos se habían prometido que se irían lejos algún día, para poder estar juntos, en un sitio donde la edad y el dinero no importasen, querían irse a Europa muy lejos donde nadie les reconociera, pero de momento era imposible. La madre de Andrew había fallecido hace poco y habían estado casi dos meses sin verse. Andrew no podía salir porque no era bien visto que con un fallecimiento reciente, saliera a fiestas y bailes. Ya que estos eran los únicos sitios en donde se podían ver frecuentemente, aunque Bridget -antes del fallecimiento de la madre de Andrew- se había escapado varias noches a la pequeña cabaña que había cerca de la casa de Andrew que pertenecía al jardinero, para estar a solas con él.
Bridget lo conocía desde que era una niña, ya que sus familias eran muy amigas, ellos jugaban juntos cuando eran pequeños, hasta que... se dieron cuenta de lo que sentían el uno por el otro. Entonces cuando se dieron cuenta, ya no podían evitarlo. La gente se preguntaba porqué un hombre tan apuesto como Andrew no se había casado, lo que no sabían era que él estaba perdidamente enamorado de lo que era casi una niña.
-Te he echado tanto de menos -dijo Andrew posando su frente contra la de ella.
Bridget le miró sonriendo y contemplandole con sus ojos verdes. Bidget Williams, era una muchacha apuesta, era una de las envidias de la alta sociedad, a cualquier chica le gustaría ser tan apuesta como ella. Tenía una melena rubia y larga rizada, aunque ahora lo tenía recogido en un elaborado moño, era alta y delgada, su cara tenía forma ovalada, una piel suave y blanca como la nieve y sus ojos verdes resaltaban sobre ella.
-Yo también, no te imaginas cuanto - dijo contemplando los ojos marrones de Andrew. Andrew Turner, había sido en su época un hombre apuesto, tenía el pelo color castaño oscuro algo despeinado, cosa que a Bridget le gustaba mucho, aunque ahora pasaba desapercibido facilmente entre las mujeres, ya que la mayoría de su edad estaban casadas y con hijos.
Bridget le abrazó con fuerza y respiró, ese olor, su olor que tanto deseaba percibir, una esencia de cigarrillos mezclado con gel de baño y gomina. Andrew le volvió a besar para disfrutar de aquellos pocos minutos que tenían para estar juntos.