Bad Romance.
Capítulo 7.
Daisy Evans estaba en su cuarto estudiando biología, cosa que aborrecía, pero le alegraba saber que pronto podía dejar los estudios y poder ir a cócteles y fiestas como la que había celebrado su familia hace unos días. Daisy tenía quince años, hasta que cumpliera los dieciséis no sería presentada en sociedad oficialmente, lo cual esta anhelaba con todas sus fuerzas.
Era, por supuesto, la menor de las hermanas Evans también la única. Daisy se parecía a su hermano Cedric físicamente, tenía el pelo castaño claro y unos ojos marrones que iluminaban su cara redonda.
Se levantó de su escritorio para ir hacia la biblioteca y coger uno de los tantos libros de anatomía que había en la biblioteca de la casa. Entró en esta con paso suave y lento, cuando descubrió que no estaba sola, cuando escuchó unos leves susurros de dos personas hablando, estes provenían de las estanterías, se acercó lentamente al lugar de donde procedían los susurros y finalmente vió a dos personas besándose de una manera abrumadora. Al principio no distinguió quienes eran las personas que se besaban pero después lo supo perfectamente. Era su hermano Thomas, y la hija del mayordomo, que se había marchado hace tiempo, Daisy frunció el ceño.
-¿Thomas? -dijo Daisy mirándo a ambos sin comprender. Ambos se separaron rápidamente. Cecilia se fue de la biblioteca totalmente ruborizada, Thomas miró a su hermana.- ¿Qué hacías con esa? -le preguntó Daisy a su hermano.
-Daisy... -dijo Thomas mirándola- no debes de decir nada de lo que has visto aquí.
Daisy miró a su hermano y sonrió.
-Hermanito, me parece muy bien que tengas aventuras, es comprensible, ¿pero con la hija de la chacha?, es tan poco morboso -dijo Daisy mirando los libros de las estanterías.
-Escucha -dijo Thomas tomando a su hermana del brazo- como le digas a alguien lo que has visto aquí hoy, no serás presentada en sociedad hasta los treinta años, de eso me encargo yo.
Daisy abrió los ojos como platos. Sabía que su hermano sería capaz de eso y mucho más, se moría de ganas por contar lo que acababa de ver, pero podía esperar un par de meses más hasta que cumpliera los dieciséis.
-De verdad Thomas, pensaba que eras más inteligente, esa sólo te quiere para el dinero -dijo Daisy mirándole con desprecio.
Thomas la miró y apretó la mandíbula.
-¡Y tú que sabrás! -le dijo malhumorado- eres una niña de quince años.
Después de esto Thomas se marchó de la biblioteca sin decir nada.
Daisy no soportaba que le dijeran que era una niña pequeña, tenía una cosa clara si volvía a ver algún indicio de que su hermano seguía viendose con Cecilia, se lo contaría a su padre. Daisy era una muchacha malcriada, era el ojito derecho de su padre, le contaba todo y su padre la tenía como a su hija preferida, también era la única. Pero sabía que no podría ocultarle algo así a su padre. Entonces si volvía a ver a su hermano con la muchacha esa, se lo contaría sin duda. No iba a dejar que una de clase inferior manchara su familia y perjudicar la buena reputación que tenía esta. Finalmente cogió el libro que necesitaba y se fué a su cuarto a hacer los ejercicios que le faltaban.
-¿Se ha marchado Cecilia? -preguntó Thomas entrando en la habitación de su hermano.
-Sí -dijo Cedric mirándo por la ventana- ¿qué ha pasado? -dijo volviéndose hacia su hermano.
-Pues le he dicho todo lo que sentía, ella al principio no me creía, pero al final nos acabamos besando. Lo malo esque después apareció Daisy -dijo apretando la mandíbula, su hermano le miró sorprendido.
-¿Daisy? -dijo Cedric mirándole con mala cara- ¿crees que se lo contará a papá? -preguntó.
-No creo... -dijo Thomas- por la cuenta que le trae. Pero eso es lo de menos, lo malo esque ahora Cecilia se ha ido, y supongo que no vendrá hasta dentro de unos días por vergüenza, y no sé donde vive -dijo dado un golpe en la mesa.
Cedric sonrió y le dió unos golpecitos a su hermano en la espalda.
-¿Qué harías tú sin mí? -le dijo mientras le sonreía y le tendía una nota. Thomas le miró sorprendido, cogió la nota y la desdobló.
Calle Dieciséis Este, nº 5.
Reconoció la caligrafía de la nota, era la de Cecilia. Thomas sintió como la felicidad invadía su cuerpo, tanta, que le dió un beso a su hermano en la mejilla.
-Oh, dios Cedric, te quiero -dijo bromeando. Este se río.
-Bueno, bueno, menos mariconeo... -los dos sonrieron.
-Iré a verla mañana por la noche -dijo Thomas con una sonrisa. Cedric negó con la cabeza.
-Mañana es lo de la ópera -le dijo Cedric- y sábes como es papá...
-Sí, pero buscaré un pretexto algo se me va a ocurrir... -dijo con una sonrisa mientras miraba la nota.
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